Crítica aparecida en el día . Autor:

Lirán Lirín!

“ Y he aquí que yo digo

finalmente, que si no se me

hace justicia, que el que se me

niega, que si se me injuria

yo […], desde luego, a la

inevitable equidad de los

siglos venideros”

Bórquez Solar

 

Aun a riesgo de tenernos que entender con los siglos venideros nos vamos a ocupar brevemente de los versos que el joven poeta y pedagogo Bórquez Solar publica bajo el título de La Floresta de los Leones.

Bórquez es poeta y hace y ha hecho versos hermosos. Pero es tan grandilocuente el título de su último libro, y su apelación a los siglos que vienen, que forzosamente se encuentras pobres, y hasta humorísticos los versos contenidos en él. Si el libro en vez de llamarse La Floresta de los Leones se hubiera llamado, por ejemplo, El Matorral de los Queltegües, los versos aumentarían de valor.

 

***

 

“Yo sé que en alumbramiento de esta obra de sinceridad y de amor –dice el poeta- han de repicar los cascabeles funambulescos de la mala intención.”

Vamos pues a cascabelear…aunque sin mala intención.

Frente al Hospital, es una poesía en que el autor lo divisa desde un restaurant.

 

En muchas cosas muy triste pienso,

mordida el alma de un diente inmenso,

mientras el viejo del restaurant,

medio inclinado, de pelo blanco

como la nieve sobre un barranco

me trae leche, dulces y pan

 

Durante mucho tiempo hemos pensado cómo ha podido producirse esta aglomeración de palabras; si ha sido al acaso o por la voluntad del poeta. Es evidente que si se entregan a otro poeta las palabras: pienso, diente inmenso, viejo, restaurant, pelo blanco, barranco y pan, las combina en otra forma. Por ejemplo así:

 

Voy en camino de buscar pienso

y estoy dotado de un diente inmenso

mientras el lado del restaurant

[…] de un viejo de pelo blanco

que se ha caído como un barranco

de su cabeza y está en el pan

 

Con lo cual queda demostrado, que lo que falta a Bórquez en alguna de sus poesías es un cambio en el orden de las palabras y nada más.

 

Pasan los organillos. Este toca

rechinante y crujiente en su triclinio

liran lirin, una mazurka loca

al umbral del inmenso lenocinio.

 

¿Lo oyen? Liran lirin! Es claro: es una mazurka!

 

***

 

Después de algunas bien inspiradas poesías, el autor vuelve a divagar en mazurkas locas sobre diversos temas

 

He tenido aprisionados en mis odres como Eolo

en sus odres a los vientos. La amargura con el dolo

y hoy ya quiero a mis odres liberarlos del tapón

 

Si se agrega que esta poesía lleva como título Clarines de la noche, se perderá el lector, como nos ocurre a nosotros, en vagas conjeturas. ¿Cuáles son los odres? ¿Cuál el tapón?

¿Cuáles los clarines nocturnos? Tanto más necesarias son estas preguntas, cuanto que la estrofa acaba diciendo:

 

Mientras yo muriente digo la palabra de Cambron

 

Es sensible que a pesar de haberse destapado los odres no se alivie al poeta, y sea necesario que agonice con una palabra tan fea en los labios.

Pero en seguida hay un rasgo tierno y casi inocente:

 

“Ya bastante yo he vivido como el lirio en los valles

ya bastante yo he cantado como el pájaro en las calles

como el pájaro en su jaula, pero aun menos feliz,

que este aislado prisionero cuando rima en su garganta

sus nostalgias y sus penas, con los versos con que canta

gana su gotita de agua, y su alpiste o su maíz”

 

Naturalmente, El pájaro en las calles canta poco, porque fuera de la campana de los tranvías eléctricos no se sientes gorjeos en medio de la vida de la ciudad. Y en cuanto a los pájaros del Congreso esos no cantan, graznan.

Lo del alpiste es ya otra cosa. Hoy por hoy todos los empleados quieren que les den el alpiste en pesos de 18 peniques. Y la lucha por el alpiste es una lucha sin cuartel. The strugle for the alpiste.

 

***

 

Si al lado de estos versos extraños se recuerdan otros tiernos, sentidos y correctos, parece imposible que tan delicado escritor lance aquellas otras composiciones a la publicidad.

Urna cineraria, La Taberna, La Oración, La Jornada son páginas llenas de poesía y de artística emoción.

 

Bórquez canta los sufrimientos de los pobres y los desvalidos, y es elocuente cuando no apela a los siglos venideros ni se lanza lirin, lirán en la mazurka loca.

El libro está dedicado a don Federico Varela.

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