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Delia Domínguez, “Contracanto”

Delia Domínguez, “Contracanto”. Poemas, Santiago, Nascimento, 1968.

Delia Domínguez, “Contracanto”. Long Play del Sello Arena. Poemas leídos por Adriana Borghero con fondo musical de Jack Brown, Santiago, 1969.

 

El libro se publicó un año atrás, pero el reciente disco LP del sello Arena lo pone otra vez de actualidad. Los poemas de “Contracanto” ganaron al pasar al disco: la cálida y sobria lectura de Adriana Borghero –con un trasfondo de guitarra por Jack Brown- les proporciona una temperatura de coloquio y de conversación que los poemas buscan, los sitúa en una atmósfera favorable. Los enriquece de fuerza comunicativa.

Porque al leerlos yo en el libro me impresionaron como faltos de nervio, como afectados de lenguaje indeciso, de opacidad. Especialmente en ciertos poemas que podríamos llamar “rurales”, impregnados de vivencias provincianas de la autora, con la aguda presencia de los bosques y ríos de la región de Osorno, hombres, trigales, caballos. Aquí Delia Domínguez no ha avanzado, continúa girando en su retórica personal de libros anteriores. Ello lo sabe al titular uno de estos poemas: “Para que no se hagan ilusiones todo ocurre en el mismo escenario de la otra vez”. Dentro de esta órbita situó también los poemas “Carretera Central”, “Carta desde el Sur de la Tierra”, “Sensaciones para afirmar el respeto en el prójimo”.

El problema no tiene que ver con el origen provinciano de la intuición poética sino con el modo de asumirla y construirla. Así el poema “Para que no se hagan ilusiones…” tiene un buen comienzo, esboza una posibilidad que no cuaja, que no alcanza un desarrollo pleno. Diría que este y los otros poemas nombrados se quedan en estampas rurales de fachada agradable: la emoción personal se diluye al mezclarse a una superficial oposición naturaleza-civilización, campo-ciudad, caballo-automóvil. El carácter discursivo de los poemas de Delia Domínguez exigiría en este punto un meditar a fondo, una verdadera toma de conciencia sobre el significado concreto y actual de la contradicción entre la ciudad y la aldea, entre la capital y la provincia en Chile. De otro modo no logrará expresar sino un “naturismo” epidérmico, una visión rousseauniana y ahistórica del hombre y de la vida social en las zonas rurales de nuestro país.

“Verano” es una estampa campesina en pureza, bien lograda en un nivel modesto. En “La ropa limpia” y en “Muchacha” la sinceridad salva a los poemas: aquí la convicción consigue trascender el “naturismo” superficial de otras estampas rurales, integrándose a experiencias que le dan solidez y vertebración. Poemas de preocupación social, como “Diálogo de Combate” y “Confidencias a Madame”, se malogran a mi juicio por el lado del prosaísmo y porque un cierto grado de impostación o engolamiento –en “Madame”- reemplaza al indispensable madurar de las ideas: no se puede improvisar sobre algo tan complejo y que no ha sido en verdad bien pensado.

Hay un problema de lenguaje en Delia Domínguez que obstruye sus posibilidades de expresión poética: tengo la impresión de que por evitar la sensiblería liricoide, Delia se desliza hasta el otro extremo, el del prosaísmo opaco, sin vibración, sin impulso. La conciencia de su “maldita sensibilidad” (p. 43), le juega una mala pasada a Delia Domínguez y la lleva a confusión; cuando ella confía más en sus recursos, cuando es más decidida y busca menos apoyo en pilares externos, cuando ella se suelta y es más ella, entonces se acerca mucho más a sus ambiciones expresivas. Dentro de este marco es que yo prefiero, de todo el libro, los poemas “Contactos”, “Close up” y “Nexos”. Un control más severo sobre el lenguaje y una mayor soltura y libertad para la intuición podrían dar, combinadamente, buenos dividendos poéticos en la obra de Delia Domínguez.

Delia Domínguez

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