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Cuenta su Poesía: Nicanor Parra: Premio Nacional de Literatura

El poeta Nicanor Parra obtuvo ayer el Premio Nacional de Literatura, correspondiente a este año, en reconocimiento a su obra “que ha sabido interpretar los sentimientos y las experiencias del hombre contemporáneo y por haber logrado, al mismo tiempo, la universalidad y chilenidad de sus trabajos”.

La distinción máxima de nuestra literatura le fue concedida a Parra por unanimidad, por un jurado que presidió el Rector de la Universidad de Chile, Ruy Barbosa, y que integraron Guillermo Atías y José Miguel Ibáñez Langlois, en representación de la Sociedad de Escritores de Chile; Jorge Millas, por la Academia Chilena de la Lengua, y Ernesto Livacic, Subsecretario del Ministerio de Educación.

El secretario y ministro de fe de ese acto, Luis Arenas Gómez, manifestó al término de más de una hora de deliberaciones del jurado, que también, entre los fundamentos que operaron para discernir el Premio Nacional se había considerado la contribución de Nicanor Parra al lenguaje poético y a la valoración internacional del poema chileno.

Habiendo transcurrido el jurado exclusivamente sobre autores de poesía, se dejó constancia, además, de los méritos indiscutibles que tenían para hacerse merecedores a la distinción, Humberto Díaz Casanueva, Braulio Arenas, Eduardo Anguita y Gonzalo Rojas. Se incluyó en el acto el reconocimiento del jurado hacia la labor literaria de Andrés Sabella, quien ha sabido dar a conocer en sus escritos el esfuerzo y nobleza del hombre norteño.

 

POETA Y PROFESOR

Nicanor Parra, además de poeta es profesor de Alta Matemática y Física. Nació en Chillán en 1914. Proviene de una familia de poetas y artistas. En 1937 publicó su obra “Canciones sin Nombre”, con la cual obtuvo el Premio Municipal de Poesía de ese año.

En 1953 ganó el Premio “Juan Said”. Durante un concurso organizado por el Sindicato de Escritores de Chile, ganó el primer lugar con su obra conocida como “Poemas y Antipoemas”, que es la que le ha dado mayor renombre. También publicó posteriormente “La Cueca Larga” y “Versos de Salón”. Su última antología poética se publicó con el título de “Obra Gruesa”. Fue Subdirector de la Escuela de Ingeniería, realizando estudios especializados en Estados Unidos, primero, y después en la Universidad de Oxford. Ha realizado numerosos viajes por el extranjero.

 

VOCACIÓN SIN TROPIEZOS

Nicanor Parra vive en una casa afincada en los faldeos de las colinas que circundan el sector de La Reina. Una casa que es como una atalaya que lo defiende del ajetreo urbano, pero que no impide el sonido cordial de la palabra amiga. Recibe a todos con entusiasmo y un tradicional vaso de “bon vino”, de aquel que cantara hace más de cinco siglos el padre literario de nuestra lengua, Lope de Rueda.

Rotundamente afirma: “No he tenido problemas de vocación. Mis primeras poesías las escribí en el Liceo de Chillán cuando cursaba el Primer Año de Humanidades. Ya entonces concebí un poema ultra ambicioso que perdí más tarde, pero cuyo plan creo que realizaré algún día. Se trataba de una trilogía compuesta de Los Araucanos, Los Españoles y Los Chilenos. Ahora interpreto eso como una premonición de un proceso dialéctico puro con su tesis, antítesis y síntesis, es decir, los que estaban, los que vinieron, los que somos.

Solo empecé a escribir con cierta regularidad algo más tarde, durante mis estudios humanísticos –recuerda el laureado poeta-. Claro está que mis recursos eran mínimos. Mis maestros habían sido Alejandro Flores, especialmente su poema “Señor”, mi padre que fue un poeta frustrado y un trovador y mi tía Isaura Parra, que tocaba muy bien el arpa y se parecía enormemente a mi hermana Violeta, de quién ésta derivó su vocación”.

 

HACIA LA POESÍA METROPOLITANA

“Mi actitud frente a la poesía como destino se dio primeramente en una forma discontinua. La etapa inicial surgió en el Internado Barros Arana junto a Jorge Millas, Luis Oyarzún y Carlos Pedraza. Pasé de la poesía provinciana a la poesía metropolitana. Es la época en que conocí a Neruda, a la Mistral y a Huidobro. La Antología de la Poesía Chilena Nueva de Eduardo Anguita y Volodia Teitelboim, tuvo una importancia decisiva para mí. También desde esa época conozco a García Lorca y Rafael Alberti, a través de la Antología de José María Souvirón. A partir de ese momento me sentí un poeta, pero estaba equivocado. Años después, a los 29 de mi edad, me tocó viajar a los Estados Unidos para estudiar. Allí me interesé por la obra de Walt Whitman. Fui a estudiar Física Atómica, en una época muy anterior a la vulgarización del átomo, lo que fue para mí como una especie de intuición artística de lo científico”.

 

FIN DE MIS PREPARATORIAS POÉTICAS

“De vuelta a Chile –recuerda con una sonrisa socarrona, Nicanor Parra- consideré terminadas mis preparatorias como poeta. Pero de nuevo me había equivocado. Me faltaba la experiencia poética fundamental que me la dio la poesía inglesa. A los 35 años de edad, en 1950, mi contacto con poetas como William Blake (El Matrimonio del Cielo y el Infierno) y John Donne, el genial autor de los sermones, Keats, sin contar a los poetas contemporáneos, los imaginistas de la generación de T. S. Elliot y Ezra Pound, fue decisivo. Sin esta experiencia no hubiera sido posible mi desarrollo poético”.

 

LA POESÍA RUSA

“Todo esto lo he completado con el estudio de la poesía rusa. Traduje a 33 poetas que van desde Alejandro Block, Maiakovski y Pasternak hasta Margarita Aliguer, Evtuchenko, Votnisiesvski y Bela Ajmadulina”.

 

APRENDO DE LOS JÓVENES

“También estoy siempre alerta a los trabajos de los poetas jóvenes, de los cuales estoy aprendiendo permanentemente, como es el caso del nicaragüense Ernesto Cardenal, del chileno Enrique Lihn, de los peruanos Antonio Cisneros y Germán Belli, del argentino Juan Gelman, de Alberto Jitrik. De similar importancia para mí fue el contacto con los poetas cubanos jóvenes. En 1965 dirigí un Taller de Poesía en La Habana. Tuve entonces la oportunidad de alternar con poetas como Roberto Fernández Retamar, Herberto Padilla, Fayad Hammin, Lezama Lima, Nicolás Guillén y Rodríguez Rivera”.

Nicanor Parra

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